domingo, 21 de junio de 2009

Tres cruces blancas en el kilómetro 222

La noticia no ocupó la primera plana de los medios. Pasó, casi, como un suelto policial: la Justicia condenó a tres años de prisión de ejecución condicional y una inhabilitación especial para conducir vehículos automotores por el término de siete años a Hugo José Espina. Fue quien el 20 de octubre de 2006, en una maniobra homicida, pretendió pasar con una camioneta cargada de productos químicos a un auto en plena loma y se llevó puestas las vidas de tres jóvenes médicos de Tandil que volvían de hacer una práctica de emergencia en la ciudad de Azul.

Se trató, quizá, una de las paradojas más crueles. Tres médicos residentes del Hospital Ramón Santamarina que volvían de realizar un simulacro de accidente con productos químicos en Azul, chocaron contra una camioneta que tiraba un carro cargado de productos afines. Los tres murieron. Una cuarta profesional sobrevivió pero dicen que aún hoy no puede hablar del tema sin entrar en shock. Dos años y medio después la Justicia le impuso una pena de tres años de prisión de ejecución condicional y una inhabilitación especial para conducir vehículos automotores por el término de siete años al conductor responsabilizado del accidente ocurrido aquel 20 de octubre de 2006 en el kilómetro 222 de la Ruta Nacional 226.

“Era una mañana hermosa”, me dijo hace un tiempo, todavía con el alma destrozada por la melancolía que precede a la tristeza, la mamá de la doctora Mariana Bertini, que tenía 29 años y era médica residente del Hospital Ramón Santamarina. Yo me estaba despidiendo de los oyentes de un programa de radio que hacía en la vieja 104.1 y ella me llamó para agradecerme las muchas veces que hablé de esa historia, consternado por esa tradición esotérica un tanto necia que algunos le adjudican al Destino, y que en realidad tiene que ver con los actos de los hombres.

Cualquiera que haya pasado por el lugar de la fatalidad entiende rápidamente ciertas cosas. Lo primero: que el kilómetro 222 se encuentra en medio de un tobogán de subidas y bajadas, por lo tanto desde unos cuantos kilómetros el conductor sabe que allí no puede pasar a otro automóvil. Y si no lo sabe se lo dice la profusa cartelería enclavada sobre la banquina, la doble línea amarilla y también el sentido común. Nada de esto fue comprendido por el chaqueño Hugo José Espinel, de 27 años, quien manejaba una camioneta que llevaba de tiro un carro cargado de productos químicos. En ese contexto, Espinel decidió sobrepasar a un auto, en plena loma, como si estuviera en medio del desierto. Fue una maniobra criminal que no le dejó chance al auto que desde la mano contraria traía a los cuatro médicos de regreso a Tandil. Se llamaban Gabriela Blanca Ferrara (30), Carlos Fernando Vázquez (31) y Mariana Bertini (29). Murieron en el acto, en tanto que María Marta D´arino fue quien resultó con gravísimas heridas.

En su sentencia el juez dijo que "el conductor fue hallado penalmente responsable de lo delitos de homicidio culposo agravado por la cantidad de víctimas fatales. Iba al mando de una camioneta que tiraba de un carro e invadió imprudentemente la mano contraria de circulación, lugar por donde en sentido contrario venía el automóvil ocupado por las víctimas". Dado el carácter de la sanción impuesta al encausado, el Juez dispuso también que a modo de pauta de conducta deberá constituir domicilio y someterse al cuidado del Patronato de Liberados durante dos años.

Ahora, según el criterio del juez que obró en la causa, sabemos algunas cosas más: sabemos que después de matar a tres personas en la ruta, uno pasará siete años inhabilitado de conducir un auto. También sabemos que nos esperan tres años de prisión, pero en la modalidad de ejecución condicional, esto es, prisión en libertad, una suerte de curiosa contradicción en los términos que no modifica el asunto de fondo: las tres personas están muertas y quien es el único culpable de semejante asunto quedó vivo… y libre.

Los familiares de los tres médicos fallecidos, meses después del accidente (esta palabra también es refutable), colocaron tres cruces blancas en el lugar donde Gabriela, Carlos y Mariana perdieron la vida. Están allí para recordar, como una dolorosa alegoría, a todas las almas inocentes crucificadas en las rutas por el desdén ajeno. Por aquella criminal estupidez que un día hizo decir a Albert Einstein: “Dos cosas son infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y de lo primero no estoy tan seguro…”.

1 comentario:

Kuki dijo...

Soy la hermana del Doctor Carlos Vazquez,fallecido en ese tragico accidente del 20 de octubre de 2006.
Vivo en Banfield,prov de Bs.As,y fui a conocer el lugar del accidente y esas "CRUCES"...Solo dolor quedo de esa visita,ese fue el ultimo lugar que vio mi hermano estando conciente.
Esas CRUCES,son testigos de la imprudencia del ser humano,de lo poco que vale la vida para una persona sin valores,del poco respeto por un semejante.
No hay nada que calme el dolor de una partida como la de mi hermano,tan injusta...
Yo llevo una cruz desde el 20 de octubre de 2006...
Ojala a Hugo Espinel,lo perdone su propia conciencia.