La sentencia que Witold Gombrowicz profirió hace casi medio siglo sobre la inmutable genética del ser tandilense se mantiene intacta: la apatía es uno de los signos emblemáticos de Tandil. En la ciber marcha contra la inseguridad, menos de cincuenta vecinos se hicieron presentes en la Plaza Independencia.
“Tandil es una vaca”, dijo Grombrowicz allá por 1957 cuando su ojo criminal, es decir su mirada de escritor, descubrió caminando las calles del pago chico una de las características marcadas a fuego en la personalidad del ser tandilense: su apatía. El célebre polaco identificaba a la vaca como el símbolo de la indiferencia. El animal que ve pasar la vida detrás del alambrado sin atreverse a otra cosa que no sea eso: mirar el partido casi con desdén desde la tribuna del No Te Metás.
La sentencia atravesó las décadas y se confirmó toda vez que la opinión pública tandileña fue convocada a movilizarse. Las excepciones, que siempre las hay, podrían situarse en aquella marcha de las quince mil almas de 1991, muchas de las cuales –enfermas de envidia, otro de los traumas de la vecindad- clamaron para que en realidad se llevara al cadalso al hijo del quinielero próspero, o aquellas multitudes de las movilizaciones del pituco agropiquete lugareño.
Ayer, una ciber marcha convocada por redes sociales a través de Internet a todo el país para las 18 horas, produjo un escenario de orfandad previsible: apenas medio centenar de vecinos se acercaron al lugar del foro, la Plaza Independencia, frente al Parnaso Municipal. Gente de clase media, casi todas mujeres y tres de los más mediáticos productores autoconvocados que se dieron cita pero al ver lo anémico de la convocatoria procedieron a tomarse el buque silbando bajito y preguntándose, quizá, cómo han cambiado los tiempos también para el campo. Las últimas convocatorias en El Paraíso han llevado poca gente del palo y ninguna de otros sectores de la comunidad.
También el fracaso de la ciber marcha contra la Inseguridad viene a poner sobre el tapete una verdad que nadie cuestiona: Tandil sigue siendo, a pesar del brote delictivo proporcional al crecimiento, una ciudad segura. Basta compararla no ya con el temible conurbano, para no irnos tan lejos, sino con Olavarría. Lo que viene a demostrar, de paso, que una cosa es el clima de pavor que se intenta construir de ciertos medios y otra muy distinta es la realidad de la calle. Salvo que estemos ante un caso de diván: una sociedad que debería ir urgente al psicólogo si se sintiera amenazada y no hiciera nada, ni siquiera concurrir a una marcha, para defenderse.
domingo, 21 de junio de 2009
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