domingo, 21 de junio de 2009

Se peleó con una caricatura

Hay que estar sumido en el enviciado y conspirativo clima del Poder para que una persona inteligente, leída y culta cometa el estropicio de enojarse con una caricatura. Y que, encima, lo haga público delante de cien mil almas y mientras la observa el país por televisión.

Eso le pasó a Cristina Kirchner, según la diatriba que lanzó contra Clarín por la caricatura que le dibujó el prestigioso Hermenegildo Sábat.

El asunto me recordó un episodio bizarro ocurrido con el actor Pepo Sanzano, cuando hacíamos el programa de radio “Le acompaño el sentimiento”. Un tipo, quizá un funcionario o un político, no puedo recordar quién era (si Pepo lee este artículo que me saque de la laguna) se enojó de mala manera con un personaje, de los tantos que mi compañero de aventuras radiofónicas hacía por las mañanas en el programa.

El asunto es ridículo: disgustarse con un personaje –es decir con algo que no existe, o que existe sólo en el terreno de la ficción- no sólo traduce intolerancia, sino tontería.

Le resultará difícil a la presidenta volver de los jirones que ha ido dejando en estos días candentes. Porque una cosa es pelearse (y con razón) contra la poderosa Sociedad Rural, o contra el Grupo Clarín, no menos poderoso, o contra la oligarquía vacuna o, casi sin razones, contra un chacarero del interior, ya grande el hombre como para que lo caguen a pedos con el dedito admonitorio que apuntó en aquel primer discurso fatal del Salón Azul de Casa Rosada. Pero otra cosa muy distinta es recomponer el vínculo con una caricatura a la que tildó de cuasimafiosa.

Como se ve, la hibrys socrática y su desmesura hizo estragos en el ego herido de una mujer a quien, durante la campaña electoral, sus asesores le recomendaran que hablara poco y nada.

Por algo era.

No hay comentarios.: