Dijo hace horas Alfredo De Angeli: “Hay que juntar a los empleados en las estancias, subirlos a la camioneta y decirles a quién hay que votar". Es una frase bestial que revela, con esa claridad luminosa que tienen las palabras, la feudal materia de la que está hecho el “chacarero” populista que volverá a visitar Tandil el próximo sábado.
Previamente el empresario Francisco De Narváez había cometido otro acto brutal, típico del patrón de estancia incapaz de soportar una entrevista crítica que tres periodistas independientes le realizaron en su canal, América. Directamente De Narváez levantó del aire el programa "Tres Poderes" frente al inmoral silencio de la corporación periodística. ¿Alguien, pregunto, escuchó la desgarrada voz de Nelson Castro frente a este acto de censura autoritaria? Los periodistas le habían preguntado al filántropo colombiano cómo había hecho para que sus empresas crecieran un 900% con sospechosa desmesura. Y De Narváez, en vez de responder como un demócrata, aunque la interpelación ocurriera en su propia casa, actuó como Videla, mandando a cortar literalmente el programa.
De Angeli y De Narváez dicen ser la contracara ideológica del kirchnerismo. Y no es para menos. Uno, que tiene profundas diferencias con Néstor Kirchner, se pregunta a esta altura si estos ejemplares de la más rancia tilinguería, con sus millones y sus tractores, con su intemperancia y su demagogia berreta, con sus patoteros inquisidores del escrache planificado y la modalidad del chantaje del agripiquete que optó por desabastecer al país con tal de que no le tocaran la renta extraordinaria, no tendrán el gen devastador que tanto denostan en la figura del ex presidente.
Desde la década infame que no se leía una declaración como lo que profirió De Angeli, quien cada vez que habla revela lo que es, porque uno es su lenguaje. Subir a los peones a una camioneta y decirles por quién tienen que votar, no sólo es una frase desafortunada, ofensiva, hiriente. Es el pensamiento vivo de una corporación temible, pletórica de brutos con plata, que ahora va en tándem junto a su socia, la corporación del empresariado reaccionario que licúa a la política, que la vacía de sentido, con De Narváez y Macri, sus dos estrellas rutilantes, acompañadas tristemente por Felipe Solá, que cambió al crispado Kirchner por estos dos personajes de la Argentina fétidamente fashion, y que ahora deambula en el furgón de cola de esta cosa híbrida llamada Unión-Pro.
Las palabras y las cosas es el título maravilloso de un libro de Michel Foucault. Las cosas, para De Angeli, son los peones. Y las palabras no son metáfora o poesía, testimonio o consigna: son el rebenque autoritario con que el patrón de la estancia ordenaba, allá por el siglo diecinueve, a quién votar. “Como referente máximo de la entidad es que te solicito que te rectifiques y retractes públicamente, pues es para todos nosotros un agravio inmerecido semejantes declaraciones en un director titular de la entidad", le advirtió Buzzi, el titular de la FAA, a De Angeli.
Hay que recortar esta expresión patética de un personaje de color que hace tiempo tomó un Banco sin que el establishment lo reprendiera con la saña y la furia con que sí lo hicieron cuando D’Elía copó una comisaría; hay que recortar esta declaración, pasarla por el tamiz conceptual e ideológico, alojarla en el marco histórico, decodificarla, si quieren, del contexto árido de la campaña, para llegar a la conclusión de que semejante barbaridad sólo pudo haber sido dicha por un pichón de oligarca, un mamarracho del nunca abolido feudalismo criollo, y también, por qué no, un soterrado golpista –como Biolcati y Grondona- que cambió el tanque por el tractor con que se hizo ver en los pagos del Tandil durante los días de resistencia a la 125, el mismo tractor que le tienen guardado para que el sábado exhiba su populismo decadente en el Zoológico, perdón, en el Hipódromo serrano.
domingo, 21 de junio de 2009
Las palabras y las cosas
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