sábado, 4 de julio de 2009

Desde la cueva

El temor a contraer la gripe maléfica y la escritura de dos libros mantienen al escribidor recluido en su cueva antimitológica. Sin embargo, las pocas veces que hemos ganado la calle debemos admitir que la multitudinaria reclusión de los vecinos en sus hogares ha regresado la aldea a su estadío mágico: ¡parece el pueblo de los años setenta!

Hay lugar de sobra para estacionar en pleno centro. Las veredas están desalojadas de multitudes, lucen espaciosos los bares sin parroquianos. Las avenidas parecen rectos pasillos desolados. Es una postal ideal para los amigos de la Peña El Atraso.

Tuvo que llegar el virus H1N1 para que esa ecuación casi matemática permitiera el anhelado regreso al Tandil de los años felices. Sin vecinos, sin seres foráneos Venidos y Quedados... y sobre todo sin turistas.

Como dice el lugar común, no hay mal que por bien no venga.

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